Pentecostes

NORMAS PARA LA ESCRITURA.

CONTINUA.- NORMAS PARA LA ESCRITURA.

Cuarta

El punto central de toda la Escritura es Jesucristo, como se puede ver en los Cursos de Fe Católica.

Pensemos ahora en la escena de los discípulos de Emaús, ya conocida. Nuestro «profesor» de Sagrada Escritura ha de ser Jesucristo, y además, el objeto de sus lecciones sobre los textos de la Biblia ha de ser también Jesucristo; así entenderemos esas páginas.

Es lo que buscaban los famosos «cuatro sentidos» de la Escritura, en la terminología de la Edad Media:

- Sentido literal es la realidad histórica que nos comunica el texto.

- Sentido alegórico: es el significado teológico del texto, en cuanto que se refiere a Cristo. Por tanto, vale solo para el Antiguo Testamento, porque los textos del Nuevo Testamento ya nos dan a Cristo en el sentido «literal» pleno.

- Sentido moral: que sirve para la edificación de la vida, costumbres y conducta cristiana.

- Sentido anagógico que nos orienta hacia las realidades futuras (los «novísimos») que esperamos.

Esas cuatro maneras de enfocar los textos bíblicos buscan siempre a Jesucristo lo «ven» (sentido real, literal), lo «profundizan» por la fe (sentido alegórico), quieren llevarlo a la vida cristiana (sentido moral), lo «esperan» en el encuentro definitivo con El en el cielo (sentido anagógico).

Dado que con frecuencia se oye hablar del sentido típico de ciertos textos de la Biblia, digamos brevemente en qué consiste.

Es el significado que tienen las cosas del Antiguo Testamento («tipos»), como prefiguraciones de otras realidades correspondientes del Nuevo Testamento (=«antitipos»)

Al hablar de cosas usamos una palabra muy genérica; un «tipo» puede ser un objeto, una persona, un episodio entero del Antiguo Testamento.

Por ejemplo, Adán es tipo de Cristo (el «Hombre nuevo», que inaugura una humanidad nueva); el Arca de Noé es tipo del Bautismo cristiano (instrumento de salvación); el maná es tipo de la Eucaristía (alimento dado por Dios); la serpiente de bronce que curaba a los Israelitas con solo mirarla (Núm. 21, 9) es tipo de la Cruz de Cristo (elevado en alto, da la vida a los que lo miran con los ojos de la fe).

Con estas orientaciones, es de esperar que la Sagrada Escritura se nos haga más accesible.

Si buscamos en sus textos a la Persona que nos habla en ellos; si no rehuimos la dureza con que se presenta a veces la Palabra de Dios, que es «mas incisiva que cualquier espada de dos filos, y penetrante hasta dividir alma y espíritu, junturas y tuétanos» (Heb 4,12); si no queremos reformar el texto cuando nos molesta, sino mas bien reformarnos nosotros; si aceptamos humildemente que no entendemos muchas cosas de Dios; si oramos..., la Palabra de Dios será para nosotros lo que fue para el Salmista:

«Lámpara para mis pasos, luz en mi sendero» (Sal. 118 Vg [119], 105).

FINAL.- 19-5-26 – M.S.G.
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